Diseño editorial

Diseño editorial científico: cómo se plantea un catálogo de investigación universitario

12 minSara Navarro
Diseño editorial científico: portada y sistema de fichas de un catálogo de investigación universitario

El diseño editorial científico es la aplicación del diseño editorial a publicaciones que comunican investigación: catálogos de grupos, memorias, informes técnicos, oferta tecnológica, dossiers y documentos institucionales. Consiste en construir un sistema de estructura, jerarquía y legibilidad que ordene grandes cantidades de información científica y permita distintos niveles de lectura, no solo en maquetar un PDF. Un catálogo de investigación universitario se diseña definiendo objetivo y audiencia, auditando y normalizando el contenido, creando la arquitectura editorial, fijando jerarquías y sistema visual, diseñando plantillas, integrando gráficos e imágenes, revisando consistencia y preparando los archivos para impresión y difusión digital.

Cuando una universidad, un grupo de investigación, una OTRI o un centro tecnológico necesita presentar su conocimiento, sus capacidades, sus resultados o sus líneas de trabajo, casi siempre acaba necesitando una publicación. El diseño editorial científico es la disciplina que transforma esa gran cantidad de información dispersa en un documento claro, navegable y coherente, que un lector externo puede recorrer sin conocer la estructura interna de la institución.

El caso más exigente es el catálogo de investigación universitario, porque concentra todos los retos a la vez: decenas de fichas con formatos incompatibles, textos de longitudes muy distintas, imágenes de calidad desigual, varios niveles de revisión institucional y dos salidas finales, impresa y digital. Por eso lo utilizo aquí como hilo conductor: lo que funciona en un catálogo funciona también en una memoria, un informe o un dossier de proyecto.

Esta guía explica qué es el diseño editorial científico, qué publicaciones abarca, qué estructura orientativa suele funcionar en un catálogo de investigación y cómo se plantea el proceso editorial completo, desde la definición del objetivo hasta la preparación de los archivos finales.

¿Qué es el diseño editorial científico?

El diseño editorial científico es la aplicación del diseño editorial a publicaciones cuyo contenido procede de la investigación o de la actividad de instituciones científicas. Su objetivo no es decorar un documento, sino construir un sistema que ordene la información: qué se lee primero, qué relación hay entre unos contenidos y otros, cómo se comparan elementos equivalentes y cómo se localiza un dato concreto meses después.

La diferencia con «maquetar un PDF» está en el punto de partida. Maquetar es colocar un contenido ya cerrado dentro de un formato. Diseñar editorialmente implica intervenir antes: revisar cómo está organizada la información, proponer una arquitectura, definir plantillas reutilizables y establecer reglas que se sostengan a lo largo de cien páginas y de varias rondas de revisión.

  • Estructura: una arquitectura de contenidos explícita, con secciones, bloques y recorridos previstos.
  • Jerarquía: niveles de lectura claros, para que el lector distinga lo principal de lo secundario en segundos.
  • Legibilidad: cuerpos, interlineados, medidas de línea y contrastes pensados para leerse en papel y en pantalla.
  • Consistencia: las mismas decisiones aplicadas siempre igual, para que el documento se lea como una sola pieza.
  • Precisión: respeto a la terminología, las unidades, las siglas y los datos científicos.
  • Organización de la información: normalización de contenidos para que elementos equivalentes se puedan comparar.
  • Sistema visual: retícula, estilos, color y tipografía funcionando como un conjunto reutilizable y actualizable.

¿Qué publicaciones puede incluir el diseño editorial científico?

El territorio del diseño editorial científico es amplio y comparte método entre formatos. Cambian la extensión, el público y el escenario de uso, pero el planteamiento editorial —estructura, jerarquía, plantillas y consistencia— es el mismo.

  • Catálogos de grupos de investigación.
  • Catálogos de oferta tecnológica y de servicios científico-técnicos.
  • Memorias de investigación y memorias anuales institucionales.
  • Informes técnicos y entregables de proyecto.
  • Publicaciones institucionales de universidades, hospitales y centros.
  • Libros académicos y monografías.
  • Revistas científicas o educativas.
  • Dossiers de proyectos y candidaturas a convocatorias.
  • Documentos de transferencia de conocimiento.

¿Qué debe tener un buen catálogo de investigación universitario?

No existe una estructura única: depende de la institución, del público y del objetivo del encargo. Lo que sigue es una estructura orientativa que suele funcionar cuando el catálogo lo va a leer alguien de fuera, porque respeta el orden natural de lectura: primero entiende la institución, luego localiza su área, luego encuentra al grupo y por último sabe con quién hablar.

  • Objetivo declarado del catálogo y público al que se dirige.
  • Identificación institucional clara: institución, ámbito y periodo.
  • Presentación breve de la dirección o del vicerrectorado.
  • Panorámica de la institución en datos, cuando existan indicadores verificados.
  • Mapa de áreas o líneas de investigación, con un código visual reconocible.
  • Fichas de grupos con estructura idéntica: línea principal, descripción, capacidades, resultados y contacto.
  • Capacidades, servicios técnicos y equipamiento singular disponible.
  • Proyectos y tecnologías destacadas, si el objetivo del catálogo lo justifica.
  • Índices de navegación: alfabético, temático y de contactos.
  • Punto de contacto único y visible para iniciar una colaboración.

Navegación y jerarquía visual

En un documento con decenas de fichas casi idénticas, la navegación es lo que impide que todo se lea como un listín. Tres niveles bastan: identificación del grupo, contenido sustantivo (capacidades y resultados) y datos operativos (contacto, códigos, notas). Si aparece un cuarto nivel, normalmente es información que pertenece a la web y no a la publicación.

Coherencia institucional

El catálogo forma parte de la identidad de la institución: convive con su web, sus presentaciones y sus materiales de difusión. Las decisiones tipográficas y cromáticas deben poder justificarse dentro de ese sistema, no inaugurar uno nuevo por publicación.

¿Cómo se diseña un catálogo de investigación?

El proceso que describo a continuación es el razonamiento editorial, no un tutorial de software. La herramienta cambia poco el resultado; lo que lo cambia son las decisiones que se toman antes de abrir el documento.

1. Definir objetivo y audiencia

Antes de hablar de diseño hay que responder para qué sirve el documento: ¿facilitar el contacto con empresas, presentar resultados ante un patronato, apoyar acciones de transferencia, atraer talento investigador? Cada respuesta cambia el orden de los contenidos, el tono y el peso de cada sección. Se pueden combinar objetivos, pero conviene declarar una prioridad y subordinar el resto.

  • Público principal y secundario, descrito con concreción.
  • Escenario de uso: entrega en mano, envío en PDF, descarga desde la web, consulta en móvil.
  • Acción esperada al terminar la lectura.
  • Vida útil prevista y necesidad de actualizaciones parciales.

2. Auditar y organizar la información

La mayor parte del trabajo de un catálogo ocurre en el contenido, no en la maquetación. Antes de diseñar conviene tener un inventario completo: qué grupos entran, qué campos tiene cada ficha y en qué estado está cada uno. Ese inventario es también la herramienta de gestión del proyecto y evita los tres problemas habituales: fichas que llegan tarde, fichas con el triple de texto que el resto y fichas sin imagen utilizable.

  • Nombre del grupo o unidad y código oficial.
  • Línea de investigación en una frase corta.
  • Descripción larga con un límite de caracteres explícito.
  • Capacidades y servicios ofrecidos, en ítems breves.
  • Equipamiento singular disponible.
  • Resultados destacados: publicaciones, patentes, proyectos.
  • Persona de contacto, correo institucional y web.
  • Palabras clave para el índice temático.

3. Crear la arquitectura editorial

Con el inventario cerrado se define la arquitectura: secciones, orden, agrupaciones por área, elementos de entrada y de cierre, e índices. Aquí se decide también qué contenidos son comunes a todas las fichas y cuáles son excepciones justificadas que merecen un tratamiento propio sin romper el sistema.

4. Definir jerarquías y sistema visual

La jerarquía se traduce en decisiones concretas: tamaños, pesos, espacios, uso del color como orientación entre áreas y tratamiento de las siglas, muy frecuentes en el ámbito universitario. El objetivo es que el lector reconozca el tipo de contenido antes de leerlo.

5. Diseñar páginas y plantillas

En lugar de diseñar páginas sueltas, se diseñan plantillas: ficha estándar, ficha ampliada, apertura de sección, página de datos, índice. Las plantillas garantizan que el documento pueda crecer, corregirse y actualizarse sin rehacerse.

6. Integrar gráficos, imágenes e infografías

Los elementos visuales se integran dentro del sistema, no como añadidos. Conviene fijar de antemano proporciones, tratamiento de color, criterios mínimos de calidad de imagen y un estilo gráfico común para todas las piezas de datos del documento.

7. Revisar contenido y consistencia

En una institución científica el contenido pasa por muchas manos: grupos, comunicación, OTRI, dirección y a veces servicios lingüísticos o jurídicos. Acotar el proceso en rondas con un alcance definido —contenido, forma y detalle final— evita bucles de corrección y protege la consistencia del sistema editorial.

8. Preparar archivos para publicación

La salida impresa y la digital no son el mismo archivo. Conviene planificar desde el inicio dos entregas del mismo sistema: una preparada para imprenta y otra pensada para lectura en pantalla, con navegación interna, peso razonable y criterios de accesibilidad.

Cómo organizar información científica compleja sin perder rigor

El reto principal del diseño editorial científico no es estético: es organizar mucha información especializada sin simplificarla de forma incorrecta y sin volverla ilegible. La idea de fondo es sencilla de enunciar y difícil de sostener a lo largo de cien páginas: el diseño debe ayudar a encontrar y comprender la información, no competir con ella.

  • Jerarquías explícitas que separen mensaje principal, desarrollo y datos operativos.
  • Módulos repetibles que permitan comparar elementos equivalentes.
  • Sistemas de navegación: índices, pestañas, cabeceras y referencias cruzadas.
  • Tablas para datos comparables y gráficos para relaciones o evoluciones.
  • Diagramas para procesos, flujos y estructuras.
  • Iconografía coherente, usada como código y no como decoración.
  • Llamadas y destacados reservados a lo que realmente lo es.
  • Distintos niveles de lectura: hojeo rápido, lectura selectiva y lectura completa.

Catálogos de investigación y transferencia de conocimiento

En universidades, OTRI y centros tecnológicos, un catálogo puede cumplir funciones muy distintas según el proyecto. No todos los catálogos persiguen los mismos objetivos, y conviene decidirlo antes de diseñar. Estos son algunos usos posibles:

  • Presentar las capacidades de investigación de la institución.
  • Mostrar líneas de trabajo y áreas temáticas.
  • Facilitar el contacto entre grupos y empresas.
  • Comunicar tecnologías, servicios o resultados disponibles.
  • Organizar y dar visibilidad a los grupos de investigación.
  • Apoyar acciones de transferencia de conocimiento y de captación de colaboraciones.

Diseño editorial científico y diseño gráfico científico: en qué se diferencian

Conviene situar los dos conceptos porque se usan a menudo como sinónimos. El diseño gráfico científico es la disciplina global: abarca todo el trabajo visual asociado a la investigación, desde figuras y presentaciones hasta identidad institucional. El diseño editorial científico es una de sus aplicaciones, centrada en publicaciones y documentos estructurados con muchas páginas y muchos contenidos relacionados.

Si te interesa la visión completa de la disciplina, la explico en el artículo sobre diseño gráfico científico aplicado a la investigación. Este artículo se queda deliberadamente en el terreno editorial: catálogos, memorias, informes y publicaciones institucionales.

Infografías, ilustraciones y gráficos dentro de una publicación

Una publicación científica o institucional rara vez es solo texto. Suele combinar infografías, ilustraciones, gráficos de datos, diagramas, fotografía y tablas, y la calidad del resultado depende de que todos esos elementos respondan al mismo sistema visual y al mismo criterio de jerarquía.

El método para construir cada tipo de pieza excede el ámbito editorial. Si necesitas profundizar, puedes leer cómo crear una infografía científica efectiva o, cuando la publicación necesita representación visual especializada, qué es una ilustración científica profesional.

Un ejemplo real: catálogo de grupos de investigación

Un caso concreto de diseño editorial científico aplicado es el catálogo de grupos de investigación en alimentación y nutrición de la UCAM, donde el trabajo consistió en ordenar la información de los distintos grupos en un sistema de fichas homogéneo, definir la jerarquía de lectura y construir la publicación como un conjunto coherente en lugar de como una suma de documentos.

Ese tipo de encargo resume bien la naturaleza del trabajo editorial: la parte visible es la publicación terminada, pero la parte determinante es el sistema que hay debajo. Puedes ver más trabajos de este ámbito en el portfolio.

Qué distingue a un buen sistema editorial en publicaciones de investigación

En una publicación de investigación el reto no es únicamente conseguir una apariencia profesional. Es construir un sistema editorial capaz de ordenar mucha información, mantener la coherencia entre páginas y permitir distintos niveles de lectura, incluso cuando el contenido llega de decenas de autores y cambia durante el proceso.

Ahí es donde la experiencia con contenido científico marca la diferencia: entender la terminología, saber qué se puede resumir y qué no, anticipar cómo se van a comparar los contenidos y prever las revisiones de un entorno institucional. No es una cuestión de estilo, sino de criterio editorial aplicado a material especializado.

¿Cuándo tiene sentido contratar diseño editorial profesional?

No toda publicación necesita un encargo completo de diseño editorial. Sí lo justifican los documentos que van a representar a la institución, los que se van a distribuir fuera y los que deben mantenerse en el tiempo.

  • Catálogos institucionales y catálogos de oferta tecnológica.
  • Publicaciones de resultados de un proyecto o de un programa.
  • Memorias de investigación y memorias anuales.
  • Dossiers de proyecto y candidaturas.
  • Publicaciones académicas y libros institucionales.
  • Documentos de transferencia dirigidos a empresas.
  • Material que debe imprimirse y distribuirse.
  • Documentos que se actualizarán periódicamente mediante un sistema editorial.

Señales de que el proyecto necesita un sistema, no una maqueta

Cuando se dan varias de estas condiciones, diseñar plantillas y reglas ahorra más tiempo del que cuesta, y evita rehacer la publicación en la siguiente edición.

  • Hay mucho contenido y crece durante el proyecto.
  • Participan múltiples autores o grupos.
  • Conviven tipos de información distintos: texto, datos, imágenes, tablas.
  • Se necesita coherencia visual con la identidad institucional.
  • Habrá distribución impresa y digital a la vez.

Diseñar una publicación para un proyecto de investigación

¿Necesitas diseñar un catálogo, una memoria o una publicación para un proyecto de investigación? Puedes ver el alcance habitual de estos encargos en el servicio de diseño editorial científico o contarme tu proyecto para valorar juntos la estructura, los formatos y los plazos.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el diseño editorial científico?
Es la aplicación del diseño editorial a publicaciones que comunican investigación: catálogos de grupos, memorias, informes, oferta tecnológica, dossiers o libros institucionales. Su función es construir un sistema de estructura, jerarquía y legibilidad que ordene la información científica y permita distintos niveles de lectura.
¿En qué se diferencia un catálogo de investigación de un catálogo corporativo?
En el tipo de contenido y en el proceso. Un catálogo de investigación reúne información especializada procedente de muchos autores, con terminología precisa, datos que deben mantenerse exactos y varias capas de revisión institucional. Eso obliga a normalizar el contenido y a diseñar fichas comparables entre sí, más que a construir un discurso comercial.
¿Qué información debe organizarse en un catálogo de investigación universitario?
Depende del objetivo, pero suele incluir identificación institucional, mapa de áreas, fichas de grupos con la misma estructura (línea de investigación, descripción, capacidades, resultados y contacto), servicios y equipamiento, e índices de navegación. Conviene definir esa estructura antes de empezar a diseñar.
¿Quién debe escribir los textos de las fichas?
Normalmente los redactan los propios grupos, pero necesitan una plantilla con límites de extensión y un criterio editorial común. Después conviene una edición unificadora para homogeneizar tono, tiempos verbales y tratamiento de siglas; sin ese paso, la publicación se lee como muchos documentos distintos.
¿Se puede actualizar una publicación institucional sin rehacerla entera?
Sí, si se ha diseñado como un sistema modular. Con fichas independientes y estilos maestros, actualizar datos o incorporar nuevos grupos es una intervención acotada, y solo requiere replantear el documento cuando cambia su estructura de contenidos.
¿Conviene diseñar la versión impresa y la digital a la vez?
Sí. Son dos salidas del mismo sistema editorial, con requisitos distintos de resolución, navegación y accesibilidad. Planificarlas desde el principio evita exportar un archivo pensado para imprenta como si fuera un documento de lectura en pantalla.

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